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A veces nos tropezamos con noticias cuyo contenido nos resulta tan atractivo que nos ata a ella durante cierto tiempo. Eso me ocurrió hace unas semanas cuando leí sobre la existencia de un segundo satélite natural de nuestro planeta. Me dispuse a investigar y pronto descubrí que no se trata de un satélite, sino de un asteroide de unos 5 kms. de longitud que comparte en cierto modo nuestra órbita en torno al Sol y al que perturbamos gravitacionalmente, lo que le ocasiona un muy particular periplo.
En algunos sitios viene clasificado como asteroide cercano a la Tierra o N.E.A. (Near Earth Asteroid) aunque más bien se trata de un Troyano, puesto que su distancia media al Sol es la misma que la de la Tierra, aunque su órbita es elíptica mientras que la terrestre es casi circular (Fig 1).
Denominado como el asteroide 3753 también posee un nombre propio: Cruithne, palabra ésta con la que los antiguos irlandeses denominaban a los primeros habitantes del nordeste de la Gran Bretaña, también llamados “pictos”. Ambos términos aluden al hecho de que solían pintarse para la guerra. En la película “Braveheart” puede verse a Mel Gibson interpretando a un cruithne pintado de azul para ir a la batalla.
El hecho que hace que Cruithne sea especial es el movimiento que, visto desde la Tierra, parece realizar el asteroide. Se le denomina órbita de herradura y no es exclusivo suyo, hay otros cuerpos que poseen esta clase de órbita, por ejemplo: Janus y Epimetheus (lunas de Saturno) que interactúan gravitacionalmente entre ellas provocándose mutuamente ese efecto.
Para entenderlo, hay que tener en cuenta previamente que la velocidad orbital de un cuerpo depende de la distancia que lo separa del cuerpo orbitado, es decir, mientras más cerca está de él, más rápido se mueve en su traslación. Por lo tanto si se modifica la órbita de un cuerpo también se modifica su velocidad. Veamos como se formaría la órbita de herradura:
El asteroide gira en torno al Sol un poco más rápido que la Tierra, por lo que la va alcanzando año tras año, hasta que está lo suficientemente cerca como para ser perturbado por ella, provocándole un alejamiento del Sol y por lo tanto, ralentizando su velocidad con lo que es la Tierra la que ahora avanza más rápida y la que con el paso de los años alcanza al asteroide, para nuevamente perturbarlo, pero, en esta ocasión acercándolo al Sol y acelerando su velocidad con lo que vuelve a empezar el ciclo, necesitando más de siete siglos para regresar a la posición inicial.
En la figura 2 se puede ver un gráfico con el desarrollo de una órbita de herradura simple con cuerpos con órbitas similares y situados en el mismo plano. El caso de Cruithne es aún más especial; su órbita se sitúa en un plano diferente al nuestro, lo que provoca que desde la Tierra observemos un movimiento no lineal, sino formando una espiral, giro tras giro, muy próximos y con forma de riñón (Fig 3). Se puede ver una recreación de cómo se forma esa figura según las distintas posiciones de ambos cuerpos en la página web de Paul Wiegert dedicada al asteroide. La diferencia de velocidad entre Cruithne y la Tierra hace que cada año el giro se observe a una distancia diferente de nosotros (Fig 4), en unos casos hacia adelante (cuando Cruithne está más cerca del Sol) y en otros hacia atrás (cuando está más lejos) formando una imaginaria espiral muy cerrada, peculiaridad que hace que a veces comparen la órbita del asteroide con la forma de un donut (en cuyo agujero situaríamos al Sol) al que le faltaría una única y pequeñísima porción para completarse en cuyo lugar estaríamos nosotros (Fig 5). Curioso vals éste de Cruithne y la Tierra que recuerda algunos comportamientos humanos: “No te acerques tanto que me perturbas pero no te alejes mucho que no puedo estar sin ti”. Al fin y al cabo, igual que Cruithne, no somos más que polvo de estrellas. |
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